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Entre fuga y regreso. Una exposición de Juanan Requena

Hablamos con Juanan Requena sobre su actual proyecto expositivo Entre fuga y regreso. Una exposición que le ha llevado a viajar por diferentes ciudades o “actos” (Algeciras, Murcia, Málaga y finalmente Madrid). Con el objetivo de montar su última exposición en Madrid, Juanan puso en marcha una campaña de micromecenazgo en la que ofrecía todas las piezas que componen la exposición. La campaña fue un completo éxito, en apenas 2 horas se cumplió y superó la meta marcada. Toda una demostración de apoyo y confianza por parte de los mecenas.

El acto final será en La Boca del Lobo en Madrid del 21 al 29 de marzo.

Seeking Magazine: ¿Cómo se gestó la idea de trabajar en la exposición Entre fuga y regreso?

Juanan Requena: Fue en Mayo de 2013 cuando el azar con el que se visten algunos encuentros intervino para que la idea de exposición que me rondaba encontrara el diálogo y la apuesta de un compañero, Tiago da Cruz, que prometía un precioso hogar donde mostrarla. Esa fue la mecha que me llevo a ponerme manos a la obra, a mi obra, pues sentí que había llegado hasta ese punto en el que mi propio imaginario pedía un orden y buscaba trazar la partitura donde quedaran reflejadas sus preguntas y sus silencios.

Sin darme apenas cuenta, en aquellos días, estaba siguiendo y recordando el valor que adquirió para mí leer aquella carta de Sergio Larraín a su sobrino, donde le decía: “…al mostrarla [la exposición] te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.”

SM: ¿Por qué has estructurado el proyecto en torno a tres palabras?

JR: Desde el primer momento anduve dándole repetidas vueltas a lo que quería mostrar y de qué manera deseaba hacerlo. Empecé a escribir los motivos, tomé perspectiva y di muchas vueltas alrededor de todas esas ideas, un poco como una polilla danzando tras todas las bombillas que encuentra en su vuelo. Tras acabar mareado más de una noche, me di cuenta de que todo lo que crecía en mi imaginación quedaba envuelto y flotando entre dos palabras: FUGA y REGRESO, quiero decir, que todas las imágenes que imaginaba iban a componer esta exposición, giraban en torno a los territorios a los que esas dos palabras podían remitir.

Utilizar esas dos palabras también me permitía remitirme a los caminos que van de una otra, reafirmarme en la idea de que todo está finalmente conectado. Quería preguntarme por lo que ocurre ENTRE las dos y lo que se cuela entre sus intersticios. Así que el título cerro el círculo de forma natural, resultando que había tres territorios dentro de tres palabras. Dos serían los polos, y el tercero permitiría conectarlos entre sí, trazando un recorrido circular y abierto.

Además, al construir toda la narrativa de la exposición alrededor de esas tres palabras, entendí que cada territorio podría transportar no sólo hasta donde dicta el diccionario, sino también hasta donde cada persona lo definiera según sus propias preguntas y recuerdos. De alguna manera, buscaba abrirme a su imaginación, dejando que el sentido final fuera escrito por las personas que iban a recorrerla.

SM: ¿Cómo ha ido evolucionando el trabajo expositivo a lo largo de los tres primeros actos? ¿qué retos te has encontrado?

JR: Por mí manera de entender la creación, desde el principio sentí que no podría construir solamente una exposición que contiene un número permanente de obras, o que tiene unas medidas exactas y unos planos de montaje bien reglados. Ni buscaba algo así ni conseguiría hacerlo. Volví a convertirme en polilla y tras muchos días de ideas sobre el papel, admití que lo que mi imaginación estaba tejiendo volvía a ser un proyecto abierto, que mutaría según los espacios reales y los vitales. Así que el primer reto era esa pelea conmigo mismo para construir una exposición viva, en cambio constante, que aprendiera a adaptarse tras los kilómetros y supiera abrirse al diálogo con el tiempo.

Así nació la idea de darle un recorrido preciso: sería una exposición en 4 actos, que iba a construir y tratar más como una pequeña pieza teatral, componiéndola con la motivación de ofrecer una experiencia y no solamente una fría contemplación.

Si he de ser sincero, la propia evolución de este proyecto expositivo ha sido otro gran reto, pues me he visto envuelto en un montón de sensaciones nuevas y desconocidas, que se han ido resolviendo y gestionando desde mi total confianza en la propuesta. Lo más costoso ha sido encontrar espacios donde la acogieran, explicar sus procesos, hacer entender que no era una exposición aburrida de una foto tras otra y ya está, nos vamos.

Aunque he sido afortunado, porque finalmente de sus tres primeros actos, dos de ellos han sido acogidos también con valentía, basados en el diálogo y felizmente correspondidos. Encontré personas bellísimas que quisieron involucrarse y apostaron no por llenar y publicitar, sino por hacer con sentido y pensando diferente.

Más tarde supe que el último paso de esta exposición ambulante era el mayor reto, más que nada porque se basaba por completo en la confianza y la apuesta de muchas personas a la vez y… sorprendentemente se cumplió con un montón de dosis de cariño, de una manera mágica, que aún estoy tratando de asimilar y que me ha ofrecido el camino hacia donde irán los siguientes pasos.

SM: ¿Por qué crees que es importante para ti escribir sobre tus trabajos?

JR: La escritura es esa aventura que me permite entenderme o ordenarme; para mí siempre fue algo esencial escribir no sólo sobre mis trabajos, sino sobre mi día a día… se puede decir que escribo para conocer, y que es solamente cuando me peleo con las palabras cuando el vértigo se calma y empiezo a comprender lo que está dentro de mí, lo que de alguna manera emerge solamente cuando lo escribo.

Esta misma pregunta me la he venido haciendo a mí mismo durante muchos de estos años, repetidamente. Siempre he escrito y llevado mis diarios conmigo, escribo una y otra vez sin poder dejar de hacerlo, como un acto reflejo, sintiendo que es algo importante para mí, que me sirve para notarme vivo pero también para imaginar. No sabía por qué me empeñaba tanto en la pelea, y hace ocho años, exactamente, encontré en el escritor Juan Cruz la solución: “Yo me sé las respuestas, pero sólo las puedo dar escribiéndolas; pero es que no las sé antes de escribir: las-sé-escribiéndolas, exactamente así. Yo no sé nada: lo escribo”.

SM: ¿Qué espacio de tiempo abarca este proyecto?

JR: La exposición abraza dos definiciones de tiempo, un poco como les ocurre también a esas tres palabras que conforman su título.

Por un lado el tiempo del diccionario, que va desde Mayo del 2013, cuando empecé su construcción, hasta el próximo 29 de Marzo, día en que termina el último de sus cuatro actos. Esa es su dimensión temporal, el transcurso de tiempo en el que he estado a su lado, la he visto crecer y la he cuidado. Una medida de tiempo de reloj, que ha quedado grabado en los filamentos de las bombillas gastadas o en el número de personas “alcanzadas”.

Al otro lado, en el diccionario propio, la exposición abarca un tiempo vital que, casi podría asegurarte, comienza el primer día que abrí una cámara dispuesto a revelar el carrete. Una medida de tiempo que contiene una inmensa colección de preguntas, vueltas de calendario y decisiones, donde el hilo conductor es el alma de quien los coleccionó.

SM: ¿Qué importancia tiene el uso de la luz en la forma de disponer los elementos de la exposición?

JR: Hace muy poquito, mirándome al fondo de los ojos, una persona me preguntó “¿las imágenes pequeñas, realmente tienen menos peso o tienen mucho más porque obligas a que se paren a recrearse y entenderla?”. Era una pregunta tremenda, que venía de alguien que había entendido esa hermosa contradicción. No se preguntaba por la luz, sino que la supo ver.

Si te paras a pensarlo, tiene mucho sentido, ya que cada fotografía es una luz en sí misma y muchas veces no necesita más sino que pide ser vista más de cerca, con más detenimiento. Por eso, la disposición de las luces no es al azar: me sirvo de su alcance y su cantidad para trazar sobre la pared las líneas de lo que será mi partitura en blanco. No tomo la pared por un lienzo en blanco, sino que compongo sobre ese dibujo creado por las luces y las utilizo para crear pausas en la narración o abrazar un tono más cálido, eso sí, sin dejar de escuchar la luz que irradia cada fotografía.

SM: ¿Cómo llegas al momento de decidir la puesta en pared de tus obras y la conexión entre ellas?

JR: Tras colocar las luces y observar su dibujo sobre la pared, me dejo llevar una y otra vez por sus tramas, pacientemente. A la vez, subo el volumen de alguna de las canciones con las que he construido una especie de banda sonora vital. Trato de escuchar la cadencia de lo que quiero contar, y en un momento dado, con todas las piezas por el suelo, encuentro dónde va a ir colgada la primera que siempre es la que más cuesta colocar.

Después solamente trato de darle cuerda a esa cadencia, sin guión previo, y las piezas van encontrándose. Son ellas son las que me guían, porque conozco las razones y las historias que hay detrás de cada una de ellas, cuando se hicieron y cuántos significados podrían llegar a sugerir.

Así que utilizo una mezcla entre serendipia y conocimiento. Hay piezas que cambian mucho de lugar según los actos, y piezas que he ido construyendo para que fueran reflejos de otras, que a veces coloco de manera enfrentada o a la misma altura. Parto de débiles ideas y las dejo crecer, sin corregir demasiado. La pintura y las palabras entran en la narración cuando quiero remarcar, crear tensión o sugerir las conexiones.

Realmente cada montaje es como una danza porque no paro de acercarme y separarme de la pared, a partes iguales, la escucho y me escucho, observo lo que está por hacer y lo que ya está hecho, vuelvo a la pared… es un poco agotador, pero son momentos en los que un creador se desvive, se ajusta con exactitud a sus latidos y conecta con algo que, ahora me doy cuenta, es bastante incontable porque tiene mucho que ver con la electricidad que llevamos cada cuál dentro de lo que podríamos llamar alma.

SM: A la hora de preparar y trabajar en una exposición como Entre fuga y regreso ¿qué materiales y herramientas te gusta emplear? ¿cómo es el proceso?

JR: Hace unos años, para subsistir y poder seguir siendo lo que quiero ser, organizaba talleres y conciertos en casa, y en uno de esos talleres me colocaron el apodo de “termita”. Supongo que me lo llegué a creer hasta el fondo y asimilé que eso significaba no dejar de trabajar con la madera, hasta tal punto de que parecía mi única dieta.

Así que en el momento de empezar a imaginar esta exposición, yo quería ser más “termita” que nunca y me puse a lijar y a pintar viejas maderas: puertas, ventanas y muchos marcos que ya acumulaban polvo en el taller. Cuando me di cuenta de que iba a necesitar más, empecé a recorrer cubos de basura de las afueras de la ciudad, tiendas de segunda mano y mercadillos de domingo en busca de los marcos de madera más viejos y gastados.

Buscaba los que ya poseían una “carga”, los que ya contenían marcas del paso del tiempo. Era una búsqueda divertida, porque a veces me veía a mí mismo tratando de salvarlos del tiempo y de las posibles fotos de comunión…

Al mismo tiempo, por las noches iba entrando y saliendo del laboratorio, abriendo cajas de fotos antiguas, volviendo a leer diarios y cuadernos de bitácora de antiguos viajes… y compartía todo eso con libros de Julio Cortázar, Chantal Maillard y Alejandra Pizarnik, que eran quiénes en aquel momento me daban guerra y acabaron siendo una parte de la exposición. Empecé a llenar un “libro de bocetos e ideas” y combiné todas esas horas con paseos cortos, momentos de escritura al sol y pausas para tomar la luna alguna noche. La receta era muy simple: mucha disciplina, confianza y dejar entrar la luz cada día.

SM: ¿Crees que la exposición invitará al visitante a preguntarse y reflexionar sobre el viaje que ha iniciado?

JR: Precisamente lo que me preguntas sea quizá una de las muchas razones que encuentra un creador cuando se lanza a construir una exposición. Es una razón de peso, pero cuando llega el momento de compartirla seguirá siendo una pregunta.

Lo que creo y a lo que trato de llegar, es que un creador no sólo construye su imaginario esperando una respuesta, porque sabe que una exposición no es solamente un diálogo sino también ofrecer una experiencia y crear el espacio desde donde trasmitirla con honestidad.

Existe el mensaje, como existe la intención de que llegue, claro que sí. Pero es un mensaje abierto, sin conclusiones ni respuestas. Si ese mensaje resuena dentro de quien la recorre y logra encender su propia imaginación, entonces sí, esa persona encontrará el diccionario que le sepa conducir con más intensidad a su propia emoción.


Como un regalo para los que han seguido los pasos de este proyecto y para los que se unen ahora antes de finalizar el viaje, Juanan estrena nuevo vídeo que compartimos aquí:

Entrevista realizada por Andrés Medina.

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