Seeking MagazineSeeking Magazine

Español |English

Facebook Facebook | Flickr Flickr | Twitter" Twitter | Rss Entries (RSS)

Entrevista a Israel Ariño

Hay una clase de fotógrafos que se acercan a la fotografía desde lo emocional, trabajando en ideas y conceptos intangibles, adentrándose en sus propias vivencias, generando momentos y situaciones que configuran un imaginario propio y extraordinario, son fotógrafos fuera de cualquier tendencia o moda. Israel Ariño es uno de esos fotógrafos. He tenido el placer de conocerle, y más aún, he podido ver su exposición Atles i altres Cartografies en la galería Tagomago contando con su inestimable compañía.

En esta entrevista hablamos de Atlas, un fotolibro que publicó en 2012 con la editorial Ediciones Anómalas, y que ahora también se puede adquirir en Dalpine. Un trabajo que recopila experiencias, lugares y revelaciones del propio autor.

Seeking Magazine: Atlas es una serie en la que has invertido varios años de trabajo. ¿Cuál fue el punto de partida del proyecto y cuándo lo empezaste?

Israel Ariño: Atlas es un proyecto de largo recorrido, una especie de corte transversal que se alimenta de imágenes realizadas en distintas situaciones; intenta representar el nomadismo de la propia vivencia, englobando experiencias, tiempos y lugares donde uno acaba reconociéndose, que tratan esa sensación de revelación y que siguen cuestionando el deseo de mirar. El sentimiento de volver siempre a las mismas ideas, sabiendo que aún siendo las mismas, serán siempre distintas. De alguna manera aunque no se muy bien cómo explicarlo, se inicia volviendo de Arles un verano, y descubriendo esa zona fronteriza catalana-francesa, Portbou, Cerbere, Banyuls… Allí me encuentro fuertemente atraído por todo lo relativo al límite, al umbral, a ese espacio donde parece que todo es posible porque no pertenece a nada ni a nadie. Ese fue el momento que saltó la chispa, una atracción, un entusiasmo por volver a visitar ese lugar. A partir de ahí, y ya con algunas fotos tomadas, empecé a comprender un poco lo que pasaba. Todo aquello que me llamó la atención estaba completamente relacionado con el hecho biográfico: el mar, el viaje, el azar, el límite…

SM: Esta serie supone una exploración autobiográfica en la que se suceden obsesiones, vivencias y deseos que parten desde muy adentro. ¿Cuánto hay de ti y tu entorno en Atlas?

IA: Es autobiográfica pero en cierto sentido, estoy fotografiando, viajando y haciendo cosas fuera de mi vida más cotidiana, esas imágenes surgen de lo excepcional, de todo aquello que más me emociona aunque no forme parte –al menos en tiempo total– de mi actividad más habitual. Creo que en esta serie fotografío cosas que me gustaría vivir o que he vivido sin darme mucha cuenta de ello. Por supuesto, la mayoría de personas que aparecen en la serie son gente con la que me relaciono o me he relacionado, son casi como proyecciones. Todo eso aparece para mí con una intensidad inusual, como una especie de llamada (y espero que esto no quede demasiado místico).

Una de las pocas cosas que hay que tener claras en una disciplina artística es cual y como se produce tu acercamiento a ella. Creo que yo me acerco a la fotografía desde lo emocional, fotografío todo aquello que me interesa, que me emociona, que forma parte de mi vida. Yo no podría fotografiar cosas para demostrar teorías o justificar argumentaciones. Para mí la fotografía es mucho más que eso, es misterio, es poesía, es duda.

SM: En tus fotografías hay una parte de realidad y otra fuertemente simbólica. Se revela un juego que navega entre las emociones y la metáfora. ¿Hasta que punto el espectador puede verse identificado dentro de ese mundo atemporal?

IA: Yo más bien diría que hay una parte que creemos realidad y otra que creemos ficción. Pienso que esa dicotomía que encontramos en Atlas es bastante común en nuestro día a día. A veces eso que llamamos realidad nos golpea, nos hiere, nos emociona, otras, encontramos momentos en los que de una manera u otra conseguimos evadirnos, proyectarnos fuera de lo “real”. Ese limite entre la realidad y la ficción no es siempre preciso, y creo que en el libro llegamos a percibir ese juego, nos adentramos en las imágenes al igual que lo hacemos con las palabras o los versos. Evidentemente, además existen símbolos más fáciles de interpretar y pasajes en los que podemos completar la acción de manera más libre. En definitiva, creo que el mundo está lleno de momentos atemporales, momentos que recordamos vagamente, momentos que a veces dudamos si ocurrieron así o nuestra imaginación los acabó de completar, momentos imprecisos.

SM: El libro ha sido publicado por la editorial Ediciones Anómalas, que también ha coproducido Terra Incognita. ¿Cómo ha sido el trabajo de edición con ellos?

IA: En líneas generales, el trabajo ha sido muy agradable y estoy sumamente agradecido con la colaboración de Ediciones Anómalas. Cuando la editorial me propone editar Atlas, me pilla bastante de sorpresa, y cuando escucho su propuesta aún más. La serie ya estaba bastante madurada, así que la mayor parte del tiempo se dedicó al diseño, la paginación final de algunos tramos y otras cuestiones más formales como el tamaño y forma del libro, el tipo de papel, la portada, etc. El concepto de libro estaba claro y afortunadamente en eso coincidíamos todas las partes implicadas. Además pude trabajar con un equipo (Carina Garrido y Àngels Arroyo) que ya conocía de ediciones anteriores y eso facilitó muchísimo el trabajo. Lo más difícil no fue hacer el libro, fue qué hacer con el libro. La visibilidad es aún un canal complejo, con muchas cosas que aprender por el camino.

Para Terra Incognita, todo fue mucho más rápido. La serie se realiza en dos meses de manera muy intensiva durante una residencia de artista en el Aparté, en la Bretaña francesa. En un principio la edición no estaba prevista ya que los plazos de trabajo eran muy cortos. Hacia el final de la residencia, y viendo las imágenes resultantes, empiezo a sopesar la posibilidad de realizar una publicación en forma de diario. Le comento la idea a las responsables del centro y les parece bien, con Montse Puig de la editorial ocurrió un poco lo mismo, le había ido enseñando mi trabajo, así que al final, cuando ve la maqueta en un pdf y en una muestra de confianza enorme, también decide participar en la edición. A partir de ahí se inicia un proceso vertiginoso de trabajo, escanear y preparar todas las imágenes, componer el cuerpo del libro, complementarlo con un buen diseño, seleccionar un papel y lanzar la propuesta para que pueda realizarse en los plazos convenidos. Fue una auténtica locura porque además la imprenta se encontraba en Londres y todos los trámites se hacían vía web, así que pasé unos días un poco nervioso a pesar de que había buenas referencias de ellos.

SM: En Atlas podemos encontrar tres tipos de edición: estándar, especial y coleccionista. ¿En qué consisten y cómo se han configurado cada una de ellas?

IA: La edición completa de Atlas consta de 400 ejemplares repartidos de la siguiente manera: 300 ejemplares para la edición estándar, 75 ejemplares para la edición especial- que incluye una fotografía original- y 25 ejemplares para la edición coleccionista, que incluye 3 fotografías y un fotograbado presentados en una carpeta de artista realizada por Àngels Arroyo. La idea de las ediciones especiales viene ya de lejos, yo he ido trabajando con libros de artista desde el 2006, siempre intentando potenciar las posibilidades que me ofrecía el libro en términos visuales, no tanto como un soporte para tu obra sino como un objeto en sí mismo. Algo así como un contenedor de ideas con una narrativa propia que no pudiera expresarse en el muro de exposición. Y bien, los libros de artista surgieron un poco con la idea de frecuentar y hacerme visible en otros canales, y también por el hecho de poder producir objetos con otros criterios a parte del económico, objetos que sabía que ningún editor querría editar. El inconveniente de estos libros –la mayoría compuestos de originales– era evidente: el precio elevado los hacía limitados a un público más general, despertando interés tan sólo entre los coleccionistas. Las ediciones de Atlas son la evolución lógica de esos primeros libros de artista, sólo que en este caso los precios son mucho más abordables.

SM: Hablemos sobre el diseño y los acabados del libro. Carina Garrido es la diseñadora gráfica con la que has trabajado en el libro. ¿Cómo han sido las decisiones de la puesta en página? El tipo de encuadernación y el papel ¿son elecciones tuyas o consensuadas?

Carina Garrido es una persona con una sensibilidad especial. Una de sus principales virtudes es saber escuchar y situar esas primeras consideraciones –a menudo vagas e imprecisas– en el terreno de lo concreto. No se trata de una diseñadora que te vaya a decir cómo tienes que secuenciar tus imágenes pero eso a mí me era igual porque de esa parte ya me encargaba yo. Pero la puesta en página era muy importante, el juego con los pesos de las imágenes, ese poder que tiene el diseño de hablar en voz baja tenía que intuirse y en líneas generales no hay nada que cambiaría respecto al diseño, lo que es increíble porque tanto ella como yo fuimos bastante exigentes a la hora de hablar del cómo. Después de las primeras propuestas de paginación decidimos quedarnos con 6 formas, combinándolas en función del ritmo de la narración. A veces queríamos que el espectador se quedara sin respiración, otras dejarle un espacio para la reflexión, otras para el desconcierto… no fue nada fácil porque estábamos moviéndonos en una línea muy delgada, pero creo que el resultado es digno y lo más importante, corresponde a las decisiones que quisimos tomar.

Respecto a la encuadernación yo quería relacionar el hilo con el mapa, con la cartografía y también nos iba muy bien la portada y contraportada por el hecho de que son la misma imagen en dos estados físicos diferentes, eso nos daba ya un corte temporal concreto, un espacio en el que iban a pasar algunas cosas. Una vez escogido el cosido para encuadernar, nos quedaba la elección el papel. Todos tenemos nuestros papeles favoritos, en este caso Montse y yo coincidíamos bastante y Gardapat siempre fue una referencia desde el principio. En cuanto al gramaje, que es donde arriesgamos un poquito, 115 gramos estaba al límite de la transparencia pero para mí era importante combinar la estructura más compleja de portada y contraportada que ya dificultaba el manejo del libro con una página ligera, aunque transparentara un poco. En el caso del papel creo que nos encontramos siempre un poco limitados por las imprentas, hay un montón de papeles fantásticos pero no puedes trabajar con ellos porque no los puedes probar, porque no los tienen o porque te cobran una fortuna por ellos.

Respecto al consenso de las decisiones, creo que mayoritariamente nos hemos basado en aquella máxima tan conocida en el mundo de la edición: tu no harás nada de lo que yo no esté completamente de acuerdo y viceversa. Aunque quizá habría que preguntar a las partes implicadas…

SM: En la edición de coleccionista has contado con Àngels Arroyo, que ha elaborado una carpeta de artista. ¿Cómo ha sido el trabajo con Àngels?

IA: Como te decía antes, hace tiempo que colaboro con Àngels Arroyo, es siempre un placer por su profesionalidad, por lo que aporta y porque se adapta a los plazos a veces un poco extremos con los que trabajamos habitualmente. Esta vez la idea estaba bastante clara, teníamos que escoger materiales y procesos. Para la carpeta seguimos la línea de sencillez que recorre el libro, diseño casi invisble, misma tipografía y añadiéndole a la serigrafía –realizada por la artista Mariya Alipieva– la fotografía de la medusa que había quedado fuera del libro. La caja se cierra a partir de listones de haya que la hacen estanca, y en su interior, las fotografías están protegidas por papel para evitar roces. La caja se completa con la justificación y el ejemplar del libro Atlas.

SM: Me interesa mucho conocer el proceso de trabajo que llevas a cabo en el laboratorio. ¿Hasta que punto es importante el positivado en tus trabajos?

IA: Pienso que la parte técnica no es lo más importante de una fotografía… lo más importante debería ser la experiencia que uno tiene de la fotografía.

El positivado es el resultado final de esa experiencia, lo que mostramos al público. En mi caso, es una parte que me agrada porque resulta como otro momento más de olvido dentro del proceso de tomar fotografías. Afortunadamente, dispongo de un laboratorio en el que trabajo muy a gusto, y en ese momento, con la música, las luces rojas y los olores, me puedo pasar días experimentando deliberadamente con el positivado, aprovechando los accidentes fortuitos, probando cosas… Para cada serie hay que encontrar una luz, una cualidad de imagen, una poética que haga de qué y del cómo un perfecto matrimonio. Y al final, una fotografía bien positivada es algo así como una buena cena en buena compañía…

SM: He tenido la posibilidad de ver la exposición Atlas en la galería Tagomago de Barcelona. Me llamó mucho la atención la puesta en pared que hiciste, esta daba lugar a diferentes recorridos y lecturas diversas. ¿Cómo fue el proceso de trabajo en la galería?

IA: Yo ya conocía la galería de la exposición que habíamos realizado en el 2010 como Atelieretaguardia, así que les propuse utilizar las 3 salas para poder articular mejor lo que yo creía que era una especie de mapa o cartografía del momento en el que me encuentro fotográficamente. Discutimos cómo y dónde presentar cada serie y también otras cuestiones referentes a la producción. Desde el principio me he sentido muy apoyado por Vicenç y Valérie que además creo que se han volcado en la exposición. No hay que olvidar que pese a llevar ya casi 20 años trabajando y más de 20 exposiciones individuales (la mayoría en Francia), esta era la primera vez que mostraba mi trabajo en Barcelona en buenas condiciones, así que para ellos la propuesta contenía un cierto riesgo.

SM: Teniendo tan cercana la experiencia de la galería y la publicación del libro ¿qué medio te ha parecido más adecuado para Atlas?

IA: Creo que la pared y la página impresa son dos maneras distintas de formalizar un proyecto, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. En mi caso, hay fotografías que están en el libro y que no aparecen en la exposición y viceversa. El circuito de las galerías tiene sus límites, por una parte pueden ayudarte a producir obras, y con las ventas favorecen e incluso permiten tu trabajo de manera continuada. El problema es que el momento actual no favorece demasiado la venta, y la mayoría de ellas provienen del extranjero. El libro es otra cosa. La visibilidad que tiene una publicación es mucho más importante que la de la sala de exposición, a pesar de la exageración de libros que se están publicando. Yo he aprendido un montón con los libros, compartiéndolos con amigos, discutiendo sobre ellos. Lo que me apena un poco es que yo tenía esperanzas en que el circuito del libro no mimetizara el de la galería y al final –a excepción de algunos pocos– las formas de hacerse visible en ambos circuitos coinciden bastante. Creo que más que un boom vivimos un bluf de los libros; existen muchos pero pocos compradores y prueba de ello es que el circuito está soportado casi únicamente por los propios fotógrafos, lo cual es bastante trágico. El día que se entienda el libro de fotografía como otra forma más de narración y se abra el mercado quizá pueda cambiar un poco las perspectivas de futuro.

SM: Desde que se empieza un proyecto fotográfico se suceden diferentes fases hasta que se llega a su publicación. ¿Cuál es la parte en la que más disfrutas? ¿Y en la que menos?

IA: Para mí la parte más emocionante sigue siendo el momento en que me encuentro tomando fotos, ese tiempo de olvido, de concentración en lo que haces, de disfrute. El peor es sin duda el momento de la imprenta, algunos dicen que es como un parto, para mí fue un poco un suplicio, quizás porque no estoy muy acostumbrado a dejar que otros interpreten mi trabajo.

SM: ¿Qué autores o trabajos te inspiraron en tus inicios? y ¿actualmente?

IA: Creo que en todo aprendizaje existen al menos dos etapas claramente diferenciadas, una de influencias y otra de coincidencias. Las influencias creo que forman parte de tu aprendizaje, y tan pronto las absorves debes dejarlas reposar, asumir y luego disolver… En mi caso, Eugène Atget, Harry Callahan, Manel Esclusa, Castro Prieto, son la gente con la que aprendí. Las coincidencias son otra cosa, las recibes como un regalo, son conexiones increíbles debido a que la originalidad no es un concepto ilimitado. Entre estas últimas, citaría a fotógrafos como Mark Steinmetz o Raymond Meeks, cineastas como Marc Recha o Isaki Lacuesta, o artistas como Pere Jaume o Albert Gusi. Con ellos te sientes como en una hermandad, a pesar de que a veces las conexiones no sean evidentes.

Pienso que en el acto de fotografiar debemos mirar hacia otros ámbitos además del estrictamente fotográfico, a mi me han aportado muchos ideas provenientes de otras disciplinas, libros que he leído, música que he escuchado o incluso el lugar dónde he vivido. Y no debemos olvidar todos los amigos con los que has discutido horas y horas, esas charlas creo que también forman un poso de influencias importante.

Entrevista realizada por Andrés Medina.
© Fotografías de Israel Ariño.

1 Comment

    [...] esta entrevista hablamos de Atlas, un fotolibro que publicó en 2012 con la editorial Ediciones Anómalas, y que [...]

Leave a Reply