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Entrevista a José Deconde

Seeking Magazine habló con el fotógrafo José Deconde sobre su proyecto Barrio, en el que esta trabajando actualmente. En un productivo intercambio de emails, nació una interesante entrevista en la que hemos podido profundizar en el proceso creativo de su proyecto.

Seeking Magazine: Barrio me parece un proyecto valiente y apasionante. ¿Cuándo empezaste este proyecto y cómo lo estás desarrollando desde su inicio? ¿Qué es lo que querías contar cuándo lo empezaste?

José Deconde: Barrio surge de la necesidad de desarrollar “un tema”. Quería hacer un trabajo personal, fotografiando mi entorno cercano y sobre todo sus habitantes (en el centro de Madrid) donde vivo desde hace 10 años. Pronto comprobé que no me sentía del todo identificado con esos lugares. Es más, noté cierta sensación de desarraigo. Y comprobé que echaba de menos mi barrio de origen, menos “domesticado”. De este modo comencé a indagar de un modo más directo el carácter y la personalidad de eso que tanto tratamos los fotógrafos, el extrarradio, y que para mí es parte de mi pasado.

Por tanto, mi trabajo comienza por una búsqueda sobre mi propia infancia, sobre las cosas que añoro del barrio, aunque ese camino me ha llevado a descubrir un barrio más “hondo” y también más deteriorado, tanto física como moralmente.

SM: En la fase inicial ¿tuviste en cuenta otras referencias? o ¿te sientes influenciado por el trabajo de algún fotógrafo?

JD: Al principio (antes incluso de comenzar este trabajo) me dejaba llevar de una manera casi mimética por referentes muy diferentes. Desde el cine expresionista alemán a la fotografía de calle de Garry Winogrand o William Klein. Posteriormente me enamoré de la fotografía de Cristobal Hara, Eugene Richards o de Bruce Davidson y su East 100th Street. He ido notando un mayor interés por los fotógrafos más humanistas.

Recientemente he estudiado a Fellini y creo que sus películas también me han influido un poco. Me gusta utilizar la representación en forma de, por ejemplo, disfraces, pinturas, carteles o banderas, porque en ella encuentro un modo (nostálgico) de rebuscar en mi propio inconsciente infantil aspectos relacionados con la memoria, la frustración, la desilusión o la apariencia. Me parece muy interesante la barrera entre lo representado (ilusiones) y lo real (decepción). También me interesa mucho de Fellini su visión sobre el vacío interior de sus personajes o su expresión de una profunda crisis de valores.

En mi proceso creativo creo que está siendo importante tener en cuenta referencias y seguir nutriéndome de ellas, pero también utilizar mucho mi propia intuición. Trabajar sin pensar me permite conectar con mis propias emociones y creencias. Es decir, creo que es importante huir de ese tipo de dualidades entre racionalizar tu trabajo o dejarte llevar sin pensar. Creo que ambas son vías útiles y necesarias y hay que utilizarlas según el momento. En consonancia, con mis imágenes no trato exactamente de documentar, sino de transmitir sentimientos.

SM: Tiendes a fotografiar a personas dentro de un cierto grado de exclusión social. ¿Eres consciente de este aspecto? ¿Por qué y cómo eliges a cada persona?

Comencé a sentirme cómodo visitando ciertos barrios marginales, porque descubrí que en ellos podía profundizar en los conceptos que me estaban interesando: identidad, desarraigo, crisis,… y así poder ir construyendo un mapa con la esencia del carácter de las personas que habitan esos barrios.

Pero a medida que hago fotos, voy comprobando que esa esencia la compartimos todos más de lo que pensamos. En nuestra sociedad, la verdadera crisis no es económica, sino moral. No hay valores, no tenemos un “para qué”, un sentido en nuestras vidas. Eso es para mí marginalidad y creo que existe no sólo en los barrios que llamamos marginales.

Las personas que elijo responden a algo intuido, no razonado. Creo que se produce algún tipo de conexión con ciertos sentimientos de esa persona, y en seguida siento la necesidad de captarlos. Hay personas que transmiten algo auténtico, que me cautiva. Y he de confesar que hoy por hoy esa autenticidad la encuentro en personas más humildes, o si quieres desarraigadas, social o económicamente. Y no tanto en muchas otras personas, donde lo único que veo es apariencia y mucho egoísmo, mucha falta de personalidad. Aunque sé que debajo de esa máscara se encuentran los mismos o peores miedos.

SM: Creo que la confianza es un factor importante en este tipo de proyectos. ¿Cómo consigues ganarte la confianza de las personas a las que retratas?

JD: Algo que creo que me está enseñando mi profesión (soy coach personal) es la necesidad de desarrollar la escucha activa y la empatía. La atención plena sobre la persona con la que hablas y saber ponerse en los zapatos del otro son estrategias muy necesarias cuando quieres generar confianza.

Generar confianza implica conectar con el estado emocional del otro, comprenderlo realmente y aceptarlo sin prejuicios. Para ello, además utilizo algo muy importante: el lenguaje no verbal; la actitud física en un encuentro ante un desconocido determina el éxito de la posterior relación. De nada sirve preguntar <<¿puedo hacerte una foto?>> si tu lenguaje verbal no comunica confianza y honestidad. Cuando hablo con alguien intento crear una relación entre iguales. Esta actitud me ha permitido poder profundizar en conversaciones de forma rápida con personas muy dispares.

Otro aspecto que considero necesario es no proyectar nuestros propios miedos y creencias limitantes. Pensamos que no pero a la gente le gusta que la fotografíen. Somos nosotros los que trasladamos nuestros propios mapas mentales a la otra persona.

De este modo, he conseguido conocer otras realidades y de paso crecer a nivel personal.

SM: ¿Tienes algún tipo de relación con estas personas?

JD: Uno de mis defectos es la impaciencia. Las relaciones que creo con una persona que me interesa fotografiar son efímeras. Dice un amigo que tengo la habilidad de poder “entrar hasta la cocina” y conseguir lo que quiero en muy poco tiempo. Y quizás sea cierto. Aunque me gustaría desarrollar la capacidad de profundizar en más relaciones para poder hablar desde más adentro de esas personas.

No obstante he de decir que con algunas de ellas sí se ha creado un vínculo afectivo. He seguido la enfermedad de algún niño o los problemas económicos de alguna familia. En ocasiones incluso me he sentido afectado emocionalmente por esos problemas.

SM: En el terreno de la fotografía documental en el que interviene el contacto directo con la gente y el entorno que les rodea, el fotógrafo tiene que lidiar con diferentes situaciones, hay que estar alerta, ser amable con la gente pero a la vez prudente. ¿Te resulta fácil manejar estas situaciones y las emociones que fluyen?

JD: Supongo que te refieres a si he tenido algún problema en la calle con alguien. Realmente nunca he tenido un problema serio, aunque me he encontrado con personas bastante reacias.

Tienes toda la razón, hay que combinar amabilidad y prudencia, y no es fácil encontrar el equilibrio. Cuando hago fotos trato de ser respetuoso pero reconozco que si veo la foto que quiero, no puedo pararme y esperar a que el otro me de permiso. Hago muchas fotos “robadas”, muchas veces no me ven, y cuando lo hacen hay varios recursos que me funcionan muy bien: una buena sonrisa, una explicación razonable, o jugar al despiste.

Lo que no hago casi nunca es huir de las situaciones. Si veo que alguien me mira mal, en lugar de darme la vuelta me acerco para calmar los ánimos, esto me da seguridad y normalmente me gano la confianza de la otra persona. Le haga o no una foto, puedo seguir trabajando tranquilo.

Cada persona es un mundo y con cada una adapto mi actitud. Mi primer trabajo fue de vendedor de libros a domicilio y lo de salir a la calle es un poco parecido… a puerta fría… en ambos casos creo que hay que ser un poco actor y saber interpretar el papel que toca dependiendo de la persona que tengas delante (con empatía).

SM: En algunas de tus fotos percibo una sensación de fragilidad, como si algo estuviera a punto de desvanecerse. En cambio otras me transmiten soledad. ¿Crees que tu proyecto habla sobre la desesperación y el dolor del ser humano?

JD: Creo que sí hay un dolor y un resentimiento contenido en mis imágenes. Fruto de sueños rotos, de expectativas incumplidas, de ilusiones desbaratadas. Quizás sea un sentimiento de decepción. Sin embargo, creo que existe también una sensación de orgullo y dignidad, que son los que percibo en las personas que me encuentro en la calle. Personas con carácter aunque frágiles. Creo que estos sentimientos los percibo porque en realidad los comparto.

Una de las cosas que más me está gustando de este trabajo es poder romper con mis propios prejuicios. Hablar con un gitano en una chabola o con un yonki puede ser una experiencia muy interesante. Porque descubro rápidamente a la persona y la humanidad que desprenden. Descubro que no somos tan diferentes unos de otros. Mi trabajo no quiere hablar de yonkis ni de gitanos. Quiere hablar de personas, de seres humanos que pelean por un hueco. Que buscan su propia identidad.

SM: Digamos que los lugares y la gente que aparecen están dentro de un entorno crudo, lejos de cualquier comodidad. ¿Crees que estas personas están de alguna manera marcadas por este entorno?

JD: Hay algo que me llama mucho la atención. Muchos de los barrios pobres de nuestra ciudad tienen espacios abiertos y arena. Esta arena me recuerda mucho a los descampados donde solía jugar de pequeño. Los niños jugábamos en la calle al igual que lo siguen haciendo en estos barrios. Ese aspecto me conmueve.

Muchas personas viven en casas bajas, y conviven con sus vecinos, existe todavía un sentimiento de comunidad, de pertenencia a un grupo. Conozco colonias donde la mitad de sus habitantes son familiares. Esto para mí es muy interesante porque me conecta con mis propios recuerdos del barrio donde yo crecí, donde todos nos conocíamos.

Si te fijas bien en las imágenes, el entorno no está muy definido: mercadillos y ferias, paredes pintadas o carteles puede haber casi en cualquier barrio. Quizás me equivoque por estar demasiado dentro pero no veo un entorno (físico) del todo crudo. De hecho, algunas imágenes están tomadas en el centro de Madrid, aunque no lo parezca.

Tengo un mapa de la ciudad en mi casa, donde pego imanes de los lugares donde hago fotos. Te aseguro que no hay demasiadas zonas de la capital que no formen parte de este trabajo. Lo que me lleva a pensar que esas emociones y sentimientos que expreso pueden ser más comunes a todos de lo que pensamos.

SM: Cuando termines el proyecto ¿te gustaría hacer un libro?

JD: Me encantaría. De hecho ya llevo hechas dos pruebas a modo de maqueta, sólo para ver qué me dicen las imágenes puestas en página. También he hecho una proyección para ir probando.

Me interesa mucho la fotografía en formato de libro. Es más, casi no la concibo de otra manera desde el momento en el que para mí la fotografía consiste en narrar y transmitir. El libro te permite generar secuencias, estructuras, silencios, juegos y diálogos entre imágenes, ritmos y latencias, se puede “jugar” con las emociones del lector, se pueden dar saltos, jugar con los formato. Eso no se ve en una exposición o en una proyección, eso es otra cosa.

Me encantaría tener la capacidad de dar forma a esto. Aunque de momento, afortunadamente, todavía me queda motivación para seguir profundizando en este tema.

Entrevista realizada por Andrés Medina.
©Fotografías de José Deconde.

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